9.10 de la mañana. Desayuno en un bar. En la mesa de al lado una pareja comiendo y bebiendo casi sin mirarse a la cara. Acabar y cómo no, móvil en mano, cada uno con su tema.

Mi pareja y yo estamos hablando, como cada día que estamos juntos. Siempre reconozco que es él. ¿Me pregunto si ellos se siguen reconociendo cuando se ven en persona? O quizás siguen identificando al otro con la foto que tienen de perfil de whatsapp o alguna de todas esas redes sociales de las que ya he perdido la cuenta. Claro está, la foto sin calva o sin canas, sin arrugas y con mucho makeup, incluido filtro, eso sí, sigue siendo aquella de hace unos 7 años cuando eras joven.

A veces siento que estoy desfasada. A veces tengo ganas de preguntárselo a esa persona que pasa por la calle y va directa a ti, de cara, de frente, a paso ligero, sí sí, con la cara pegada al móvil y que inevitablemente te acaba arroyando en su paso cual urgencia hubiese, cual zombie sin necesidad de disculparse.

Sentirse mal. Sentirse muy mal de estar hablando en voz alta en ese bar por si molestas. El bar me devuelve a aquella sensación universitaria en la biblioteca estudiando, donde todo el mundo estaba en silencio. Pues tal cual, y van pasando los minutos, y ellos sin hablar. Me pregunto si en realidad no miran nada y lo que hacen es estar whatsappeándose entre ellos:

Cariño, voy al lavabo”  Doble check

“Manocondedolevantandoelpulgar”  Doble check

Gracias a Jacob Ufkes – Highland Coffee House, Cincinnati, United States – por la fotografía

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